sábado, 9 de julio de 2016
6-07-2016
Esta semana he tenido la oportunidad de conocer a un ser humano increíble. Se trata de un pianista que toca dejando ver todas las horas de práctica que le han llevado hasta donde está ahora, pero que aún así parece que lo hace con menos esfuerzo del que le cuesta a cualquier otro ser humano estar tumbado en una cama. Y ahí estaba yo, en el sofá de su salón, escuchando con cara de idiota y preguntándome cómo era posible. Mientras tocaba me decía sus próximos planes, entre los que ahora se incluye tocar algo conmigo cuando vuelva de su próximo concierto en el extranjero. Aunque solo sea en su casa y nadie nos vaya a oír creo que aparte de estudiar muchísimo las próximas semanas no voy a poder pegar ojo de la emoción.
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