jueves, 5 de julio de 2012

5-7-12

Acabo de quedarme fría. Congelada. Estupefacta.

He comprendido, por primera vez en mi vida, que alguien puede entenderme; que soy perfectamente normal: ¡que no hay nada malo en mí!

El hecho de que una sola persona, aunque sea una sola, pueda saber lo que pasa por mi cabeza sin tener que explicarle nada, me hace feliz. ¿Es eso?¿Es que soy feliz si me entienden? Quizás. Hasta ahora no me ha hecho falta, pero ¿quién sabe? Podría acostumbrarme.

Sea como sea, después del latigazo he atisbado la posibilidad de que mi soledad no sea más que un espejismo: una simple desilusión causada por el tiempo y la búsqueda errónea de algo que, sin duda, llega solo.

Salgo de mi estupefacción, y reconozco una sensación cálida fluyendo libremente en mi interior.

Procuro no emocionarme. Al fin y al cabo, puede que, simplemente, esté persiguiendo la libélula vaga de una vaga ilusión.

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