miércoles, 31 de julio de 2013
¿Cómo es posible?
Gente a que arregla quince días de llanto con quince minutos de conversación. Gente a la que, de alguna forma, le acabas debiendo más de lo que les podrás devolver nunca.
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Ralles/Rayes
domingo, 6 de enero de 2013
Plataneras
Me he metido en una asociación de estudiantes (que no describiré ahora, porque no viene al caso) en la que, cuando eres nuevo, te asignan un mentor. Dicho mentor es alguien con más experiencia que tú dentro de la asociación y que, por tanto, está ahí para responder cualquier duda que te surja acerca de ella. En nuestro caso particular, por el nombre del grupo, y por ser de donde somos, llamamos Plataneras a estos mentores.
El caso, es que yo tuve la suerte de poder elegir a mi platanera. Y digo suerte porque eso es lo que creo que tuve. Podríamos no haber coincidido en mi primer evento, por lo que habría elegido a otra persona. Él podría haber dicho que estaba demasiado ocupado (que lo estaba), como para atender las infinitas dudas de alguien nuevo. De hecho, podría no haber ido a ese evento, y no haberlo conocido nunca. Pero fui, y él fue, y le conocí, y desde el primer instante decidí que quería que ese fuera mi mentor. A día de hoy, me parece que es una de las mejores elecciones que he hecho en mi vida.
Sin embargo, esta decisión no ha venido carente de malos ratos. Sí, es cierto. A pesar de estar súper contenta con mi platanera, de llevarme muy bien con él, de pasar buenos ratos y de cogerle un cariño inmenso, he llegado a arrepentirme. ¿Cómo llega alguien a arrepentirse de algo cuando tiene la absoluta convicción de que es una de las mejores cosas que le han podido pasar? Muy fácil: con influencias externas. Voy a explicarme:
Desde el principio, cada vez que tenía una duda, o hablaba con alguien y no entendía algo, decía "Pues esto no sé lo que es. Voy a preguntarle a mi platanera." y, también desde el principio, y de forma casi invariable, obtenía respuestas tipo "Mejor que no lo molestes para esto, que está muy ocupado". Pero yo podía aguantarlo. Al fin y al cabo, hablaba con gente que lo conocía más y mejor que yo. Así que enviaba un correo, y esperaba tranquilamente su respuesta, sin creerme que estaba demasiado ocupado para responderme, pero tratando de dar lo menos posible la tabarra. El tiempo fue pasando, y nuestra relación fue creciendo.
Llegó un día en el que el grupo tomó la decisión de que las plataneras ya no serían escogidas por los nuevos, tal y como tuve yo el privilegio de hacer en su momento, sino que las parejas serían asignadas por el responsable de recursos humanos. Yo di mi punto de vista acerca de dicha decisión, mostrándome disconforme y exponiendo mis motivos para ello. Entonces empezó un proceso en el que, cada vez que salía el tema y yo comentaba que me parecía más correcto el método anterior, la respuesta que acababa obteniendo era "Tranquilízate y déjalo, que nadie te va a quitar ya a tu platanera". Y, a todas estas, mi platanera estaba pasando un mes a unos 4600km (aproximados) de mí, con no mucha disponibilidad en lo que a formas de comunicación se refería, y justo después de un período de estrés grande del que no me había recuperado.
Y yo sufría. No porque estuviese lejos o no pudiese atenderme. Tampoco porque fueran a cambiar a algo que a mí me gustaba. Sufría porque la única persona aparte de mí que entendía nuestra relación, no podía apoyarme en ese momento. Y así empecé a creer que era cierto cuando decían que ahí había una relación "demasiado" personal, o que yo le causaba molestias. Noches enteras soñando con la matraquilla, y días perdidos mirando al infinito, dándole vueltas a la cabeza, hasta que se lo dije. Fui, y le dije lo que estaba pasando, lo que estaban diciendo, y cómo me estaban haciendo sentir. Él me tranquilizó, diciéndome que no hiciera caso de nada, y que él estaba ahí para mí.
Me tranquilicé, pasó algo de tiempo, volvió, pasó algo de tiempo más y, un día, sin previo aviso, me propuso para un cambio de estado dentro del grupo (algo así como un ascenso). Hizo una presentación en la que daba los motivos por los que creía que me merecía ese cambio y demás, y acabó diciendo que teníamos una relación personal estrecha que él consideraba muy valiosa. Yo no me lo podía creer. Sabía, porque me lo había dicho, que no le molestaba, pero de ahí a eso iba un cacho. Me dio pena que hubiese poca gente en esa reunión. O, mejor dicho, me dio pena que no estuviese la gente adecuada delante cuando dijo eso. Para mí fue un momento casi de liberación. Mi platanera había vuelto, y estaba ahí para apoyarme, diciéndole a quien hiciera falta que yo no tenía ningún problema extraño por haberle cogido cariño.
Eso me dio qué pensar. Las plataneras habían empezado a ser asignadas ya, pero eso no me importaba tanto. Lo que realmente me mosqueaba, y me sigue mosqueando, fue el darme cuenta de que muy poca gente sabe lo que es una platanera. Apenas la gente que ha vivido mi relación con mi platanera desde primera línea lo sabe. El resto...Bueno. A mi parecer, no lo tienen nada claro. Pero, ¿qué es una platanera?
Como ya se dijo al principio, una platanera es un mentor que te guía y ayuda en tus primeros pasos dentro de la asociación: te explica la organización interna, las siglas, incluso las bromas recurrentes. Hasta ahí todo claro. Bonito y fácil, ¿no? Lo que poca gente parece entender a partir de aquí es que una platanera es alguien con quien tener confianza para poder mandarle un correo preguntándole algo que no entiendes, aunque te dé vergüenza porque sabes que ya lo deberías saber. Una platanera es alguien a quien le mandas cinco veces un correo preguntándole la misma cosa, y las cinco veces te responde y te lo explica. Una platanera es alguien que ha vivido más tiempo que tú, al menos dentro de la asociación, y que te puede nutrir con su experiencia. Una platanera es alguien que, cuando sabe que sufres estrés, baja de su casa en pijama a entregarte ese documento tan importante y, aún en pijama, cruza la verja de la calle solo para darte un abrazo. Una platanera es alguien que no solo te da permiso para dormirte en una reunión después del fin de semana más ajetreado y cansado de tu vida, sino que además te hace de almohada el tiempo que haga falta, mientras te dice lo orgulloso que está de ti. Es alguien a quien llamar "papá", y alguien que jamás te negará un abrazo cuando necesites refugio. Es alguien que, estando al otro lado del continente, te avisa el penúltimo día de que se ha olvidado de entregar un documento crucial, y por quien vas a aporrear la puerta del profesor o del administrador que haga falta hasta asegurarte de que está todo entregado y en orden. Es alguien a quien despertar temprano una mañana de navidad para ir a coger olas, y es alguien que, habiendo hablado con tu hermana por segunda vez en la víspera de reyes, acaba pidiéndote que le saques fotos cuando se emocione al ver los regalos porque seguro que parece un arenque. Una platanera es alguien a quien tu imaginación se abraza al grito de "quiero una puta familia normal, y la quiero ya", y que te aporta tranquilidad con solo pensar en ese abrazo, aunque él jamás lo sepa porque no llega a ocurrir.
Por supuesto, este es solo un pequeño resumen de lo que la figura de la platanera representa, y podría decir muchísimas cosas más, porque la verdad es que no creo que le haga justicia. Pero, para que quede más claro aún y sea más conciso, lo diré de otra forma. Una platanera es, ante todo, un caballero: alguien que te escucha, te apoya y te ayuda cuando hace falta.
Así que no voy a volver a sentirme mal por lo que me digan respecto de este tema. Sea quien sea, intentaré hacérselo entender, aunque dudo seriamente que llegue a comprenderlo. Si aún así no quiere entenderlo, y se empeña en que le tengo demasiado cariño a alguien que solo es un mentor, no lo voy a negar. Es cierto que le tengo muchísimo cariño y si, después de saber todo esto, aún sigue creyendo que es solo un mentor, no podré más que dejarlo estar, y aguardar pacientemente hasta que logre entender lo erróneo de ese pensamiento. Si no, siempre puedo esperar que tenga la misma suerte que yo, y pueda vivir algo tan especial.
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Caballeros
sábado, 5 de enero de 2013
lunes, 12 de noviembre de 2012
16-09-12
¡Pobres criaturas!
Los miro y me doy cuenta: no saben lo que es el amor. Cree que si te gusta alguien, tienes que estar con esa persona. Tiene que ser tuya; la tienes que poseer.
¡Infelices!
No se dan cuenta de que lo mejor que te puede pasar cuando quieres a alguien de verdad es su felicidad. No importa que no te pertenezca. ¿Acaso es un objeto? ¿De verdad? ¡Pero eso es inhumano!
Si de verdad le quisieras, no habría para ti nada más importante que su felicidad, porque eso es lo único que realmente cuenta.
¿Qué más da que no te pertenezca? Supéralo. Dedícate a esa persona. Deja que sea feliz, sea con quien sea. Ayúdale a conseguirlo.
Cuando esto ocurra, verás que no hay nada mejor. Te sentirás bien contigo como persona y, más importante aún, estarás en paz.
Los miro y me doy cuenta: no saben lo que es el amor. Cree que si te gusta alguien, tienes que estar con esa persona. Tiene que ser tuya; la tienes que poseer.
¡Infelices!
No se dan cuenta de que lo mejor que te puede pasar cuando quieres a alguien de verdad es su felicidad. No importa que no te pertenezca. ¿Acaso es un objeto? ¿De verdad? ¡Pero eso es inhumano!
Si de verdad le quisieras, no habría para ti nada más importante que su felicidad, porque eso es lo único que realmente cuenta.
¿Qué más da que no te pertenezca? Supéralo. Dedícate a esa persona. Deja que sea feliz, sea con quien sea. Ayúdale a conseguirlo.
Cuando esto ocurra, verás que no hay nada mejor. Te sentirás bien contigo como persona y, más importante aún, estarás en paz.
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Tales
jueves, 8 de noviembre de 2012
miércoles, 22 de agosto de 2012
Confabulación
Hoy el universo ha confabulado en mi contra.
Vayamos por partes:
- Mi abuela: Fue ingresada hace 10 días en el hospital, por un problema como el que ya tuvo el año pasado. En su momento el médico dijo que se iba a centrar en salvarle la vida, y que ya resolverían el problema más tarde. Bien. Pues un año después (que, obviamente, es más tarde), vuelve a darle exactamente lo mismo, así que ayer vuelta al quirófano. Aprovechamos que tiene bastantes hijos, y se turnan todos para hacerle compañía en el hospital.
-Mi abuelo: Tuvo un accidente hace un par de años, y desde entonces ha perdido parte de su independencia, así que siempre tiene que haber alguien con él para cualquier cosa que necesite. Empezando por el hecho de que no puede hablar, es obvio que si lo dejamos solo y le pasa algo, no puede ni hacer una llamada de emergencia. Aprovechamos que tiene más nietos que hijos, y nos turnamos todos para estar con él en su casa y atenderle en lo que le haga falta.
-Yo: He empezado a trabajar (sin cobrar un duro, eso sí) en la playa, ayudando en una escuela de surf. De paso la encargada me ha ofrecido apuntarme a una clase de mantenimiento físico todos los días por la mañana, así que me levanto pronto, voy a hacer ejercicio, voy a trabajar, le doy de comer a mi abuelo y paso buena parte de la tarde con él, luego voy a mis propias clases, y al final del día vuelvo a pisar mi casa, únicamente para ducharme y dormir.
Así las cosas, llego hoy a las 9 de la mañana a la playa, cargada de aparejos y con la comida para mi abuelo. No hay nadie en su casa, y tampoco contestan en casa de mi tía, así que dejo la comida de nuevo en el coche y me voy con mis aparejos a la playa. Normalmente los dejo en alguna de las casas, que están junto a la playa, ya que me hacen falta entre la clase y el trabajo (hay 5 minutos entre el fin de una y el comienzo de otro, justo el tiempo que tardamos en cambiar de playa).
Con mis cosas en la arena junto a las cosas de mi hermana, vamos a caminar. Aproximadamente una hora después, me dispongo de nuevo a dejar la comida en casa de mi abuelo. No hay nadie, y al ir a llamar para que alguien con llaves me abriese la puerta...¡No tengo mi móvil!
Llamamos, y da apagado. Tampoco aparece mi ipod. Le pregunto a un señor que estaba junto a mis cosas si había visto algo, y lo niega. Como nos parece que tiene una actitud bastante extraña, le pregunto si no lo tendría él "por casualidad". Obviamente, dice que no, y se ofrece amablemente a abrir la maleta. Todo bien, hasta que me enseña un bolsillo en el que sólo llevaba mechero y navaja. No mostró por completo el contenido de ningún bolsillo, e incluso dejó alguno sin abrir.
Así la situación, llamamos a la policía. Resulta que no pueden mandar a nadie, porque la ronda en esa zona no empieza hasta las 11 de la mañana, así que toca esperar.
Vamos a donde trabaja mi madre. Se queda mi hermana trabajando, y mi madre y yo (después de la bronca que me cae) vamos a cancelar la línea. Luego volvemos a la playa, llamamos de nuevo a la policía y esperamos hasta que vienen. Registran ellos la maleta del señor, que esta vez no tiene ni navaja. La policía nos dice que no pueden hacer nada, que intentemos localizar nosotras mismas el teléfono, que pongamos una denuncia y que no teníamos que haber perdido al tipo de vista (porque, claro, antes que ir a cambiar mis contraseñas y demás, es más importante estar hora y pico esperando a que los caballeros empiecen la ronda. Tiene gracia que empiece casualmente a la hora a la que llegan los chiquillos con balones a la playa. Porque para otra cosa no, pero para echar broncas a niños (NIÑOS) que juegan con un balón en la orilla de forma tranquila cuando hay poca gente, sí que están), ya que en cualquier baño de los que se dio (por algún extraño motivo después de que lo acusásemos cada vez se iba al agua) pudo haber escondido mis cosas en la arena o haberlas tirado al agua.
Total, que vamos a la comisaría y decimos que queremos poner una denuncia por teléfono robado. Nos preguntan que si sabemos quién lo robó, y, ante nuestra negativa, la siguiente pregunta que sale de la boca del caballero que orgullosamente lleva las siglas CNP bordadas en su polo es "Y entonces, ¿para qué denuncian?". Dice mi madre que si no les interesa saber que roban en las playas, y el chico sigue luciéndose: "Si yo lo sé. Me lo está diciendo usted". Ahí es cuando me quedo de piedra y le digo que me parece muy bien que él lo sepa, pero que yo quiero que lo sepa quien tiene que saberlo. Él responde que se lo comentará a los compañeros con tono de "quizás sea un buen tema para el almuerzo de hoy", o algo por el estilo, porque tampoco parecía que le fuese el sueldo en hacer ese trabajo ni nada parecido.
En ese momento fue cuando me dieron unas ganas inmensas de pedirle prestada la pistola (sólo unos minutitos, que no me gusta gorronear), y prometerle que no le iba a doler.
Con un "esto es España" de mi madre, y toda mi indignación en peso, fuimos a que cancelasen el móvil por medio del código IMEI. Espero que sea efectivo, porque con un poco de suerte lo único que va a tener va a ser un trozo de metal muy caro (de 572€, para ser concretos). Realmente no quiero otro iphone de vuelta. Quiero MI móvil de vuelta. La diferencia radica en que el iphone de vuelta no sería más que un cacharro bastante bonito, mientras que el otro era mi móvil. Yo lo quería por las fotos que tenía dentro. Y no es porque me lo hayan robado (pobre diablo aquel que necesita hacer infelices a los demás para conseguir un mínimo de alegría), sino que es algo que me pasa cada vez que me dan un móvil nuevo. El ipod, por su parte, no tenía gran cosa, pero me da pena porque le tenía bastante cariño.
Y esto, amigos míos, no es más que el colofón de un mes en el que, cuando mayor es la tranquilidad que disfruto, mayores son las ganas que me entran de romper en llanto sin motivo alguno.
P.D.: Y para terminar de quejarme, que conste en acta que no es el peor día de mi vida, ni las peores semanas, ni el peor mes. Puede que se encuentre entre los peores, pero no es el que se lleva la palma.
Vayamos por partes:
- Mi abuela: Fue ingresada hace 10 días en el hospital, por un problema como el que ya tuvo el año pasado. En su momento el médico dijo que se iba a centrar en salvarle la vida, y que ya resolverían el problema más tarde. Bien. Pues un año después (que, obviamente, es más tarde), vuelve a darle exactamente lo mismo, así que ayer vuelta al quirófano. Aprovechamos que tiene bastantes hijos, y se turnan todos para hacerle compañía en el hospital.
-Mi abuelo: Tuvo un accidente hace un par de años, y desde entonces ha perdido parte de su independencia, así que siempre tiene que haber alguien con él para cualquier cosa que necesite. Empezando por el hecho de que no puede hablar, es obvio que si lo dejamos solo y le pasa algo, no puede ni hacer una llamada de emergencia. Aprovechamos que tiene más nietos que hijos, y nos turnamos todos para estar con él en su casa y atenderle en lo que le haga falta.
-Yo: He empezado a trabajar (sin cobrar un duro, eso sí) en la playa, ayudando en una escuela de surf. De paso la encargada me ha ofrecido apuntarme a una clase de mantenimiento físico todos los días por la mañana, así que me levanto pronto, voy a hacer ejercicio, voy a trabajar, le doy de comer a mi abuelo y paso buena parte de la tarde con él, luego voy a mis propias clases, y al final del día vuelvo a pisar mi casa, únicamente para ducharme y dormir.
Así las cosas, llego hoy a las 9 de la mañana a la playa, cargada de aparejos y con la comida para mi abuelo. No hay nadie en su casa, y tampoco contestan en casa de mi tía, así que dejo la comida de nuevo en el coche y me voy con mis aparejos a la playa. Normalmente los dejo en alguna de las casas, que están junto a la playa, ya que me hacen falta entre la clase y el trabajo (hay 5 minutos entre el fin de una y el comienzo de otro, justo el tiempo que tardamos en cambiar de playa).
Con mis cosas en la arena junto a las cosas de mi hermana, vamos a caminar. Aproximadamente una hora después, me dispongo de nuevo a dejar la comida en casa de mi abuelo. No hay nadie, y al ir a llamar para que alguien con llaves me abriese la puerta...¡No tengo mi móvil!
Llamamos, y da apagado. Tampoco aparece mi ipod. Le pregunto a un señor que estaba junto a mis cosas si había visto algo, y lo niega. Como nos parece que tiene una actitud bastante extraña, le pregunto si no lo tendría él "por casualidad". Obviamente, dice que no, y se ofrece amablemente a abrir la maleta. Todo bien, hasta que me enseña un bolsillo en el que sólo llevaba mechero y navaja. No mostró por completo el contenido de ningún bolsillo, e incluso dejó alguno sin abrir.
Así la situación, llamamos a la policía. Resulta que no pueden mandar a nadie, porque la ronda en esa zona no empieza hasta las 11 de la mañana, así que toca esperar.
Vamos a donde trabaja mi madre. Se queda mi hermana trabajando, y mi madre y yo (después de la bronca que me cae) vamos a cancelar la línea. Luego volvemos a la playa, llamamos de nuevo a la policía y esperamos hasta que vienen. Registran ellos la maleta del señor, que esta vez no tiene ni navaja. La policía nos dice que no pueden hacer nada, que intentemos localizar nosotras mismas el teléfono, que pongamos una denuncia y que no teníamos que haber perdido al tipo de vista (porque, claro, antes que ir a cambiar mis contraseñas y demás, es más importante estar hora y pico esperando a que los caballeros empiecen la ronda. Tiene gracia que empiece casualmente a la hora a la que llegan los chiquillos con balones a la playa. Porque para otra cosa no, pero para echar broncas a niños (NIÑOS) que juegan con un balón en la orilla de forma tranquila cuando hay poca gente, sí que están), ya que en cualquier baño de los que se dio (por algún extraño motivo después de que lo acusásemos cada vez se iba al agua) pudo haber escondido mis cosas en la arena o haberlas tirado al agua.
Total, que vamos a la comisaría y decimos que queremos poner una denuncia por teléfono robado. Nos preguntan que si sabemos quién lo robó, y, ante nuestra negativa, la siguiente pregunta que sale de la boca del caballero que orgullosamente lleva las siglas CNP bordadas en su polo es "Y entonces, ¿para qué denuncian?". Dice mi madre que si no les interesa saber que roban en las playas, y el chico sigue luciéndose: "Si yo lo sé. Me lo está diciendo usted". Ahí es cuando me quedo de piedra y le digo que me parece muy bien que él lo sepa, pero que yo quiero que lo sepa quien tiene que saberlo. Él responde que se lo comentará a los compañeros con tono de "quizás sea un buen tema para el almuerzo de hoy", o algo por el estilo, porque tampoco parecía que le fuese el sueldo en hacer ese trabajo ni nada parecido.
En ese momento fue cuando me dieron unas ganas inmensas de pedirle prestada la pistola (sólo unos minutitos, que no me gusta gorronear), y prometerle que no le iba a doler.
Con un "esto es España" de mi madre, y toda mi indignación en peso, fuimos a que cancelasen el móvil por medio del código IMEI. Espero que sea efectivo, porque con un poco de suerte lo único que va a tener va a ser un trozo de metal muy caro (de 572€, para ser concretos). Realmente no quiero otro iphone de vuelta. Quiero MI móvil de vuelta. La diferencia radica en que el iphone de vuelta no sería más que un cacharro bastante bonito, mientras que el otro era mi móvil. Yo lo quería por las fotos que tenía dentro. Y no es porque me lo hayan robado (pobre diablo aquel que necesita hacer infelices a los demás para conseguir un mínimo de alegría), sino que es algo que me pasa cada vez que me dan un móvil nuevo. El ipod, por su parte, no tenía gran cosa, pero me da pena porque le tenía bastante cariño.
Y esto, amigos míos, no es más que el colofón de un mes en el que, cuando mayor es la tranquilidad que disfruto, mayores son las ganas que me entran de romper en llanto sin motivo alguno.
P.D.: Y para terminar de quejarme, que conste en acta que no es el peor día de mi vida, ni las peores semanas, ni el peor mes. Puede que se encuentre entre los peores, pero no es el que se lleva la palma.
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martes, 24 de julio de 2012
Increíble
Escribo esto, y pienso en cómo disimularlo. Podría hacerlo de miles de maneras, pero no creo que quiera. Lo que voy a decir es simple. A muchos les parecerá una tontería como otra cualquiera. Por suerte, creo que no tengo tantos lectores.
"Algún día, la humanidad va a ser tan feliz como lo soy yo ahora mismo, y nadie entenderá lo que es una guerra."
"Algún día, la humanidad va a ser tan feliz como lo soy yo ahora mismo, y nadie entenderá lo que es una guerra."
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